La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

miércoles, 22 de febrero de 2012

La senadora Fellner repudia el discurso de Videla, pero no repudia las injusticias del presente

Liliana Fellner "trabajando" en lo "que le importa al país" 

La senadora Liliana Fellner repudió los recientes dichos del ex dictador Videla “y el ataque permanente del represor a la memoria de los argentinos”, se informó.

La senadora por Jujuy presentó en la Cámara Alta un proyecto de declaración en repudio a las opiniones vertidas por el represor Jorge Rafael Videla en una entrevista difundida por la revista española Cambio 16. “No hay que olvidar que durante este período, el país sufrió su peor proceso de terrorismo de estado”, sostuvo.

“Durante este gobierno antidemocrático, miles de argentinos fueron torturados y hacinados en centros clandestinos de detención. Se buscó con esto la eliminación sistemática de la oposición política a través de métodos abyectos”, manifestó.

“Otro punto siniestro fue el plan sistemático de apropiación de niños. Se estima que aún hoy cuatrocientos jóvenes no conocen su identidad”, puntualizó, añadiendo que “vulnerar los derechos de las personas de esta manera fue uno de los peores atropellos a la libertad de los argentinos”.

“En esta nota periodística, Videla miente al afirmar que su gobierno disfrutó de una amplio consenso nacional. Esto es tan absurdo como cuando, en la misma nota, declaró que bajo su gobierno el país era seguro”.

Apunta con sus dichos al  actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, falseando los hechos, atribuyendo un sentimiento de venganza a la hora de juzgar y condenar los crímenes del pasado”, enunció, entre otras consideraciones.


Videla y las miserias políticas argentinas

Un medio español publicó una entrevista exclusiva realizada al expresidente de facto y exgeneral del Ejército Jorge Rafael Videla. Videla dijo lo que le vino en gana, dio sus apreciaciones, se hizo cargo de todo y sostuvo como verdades algunas historias de las que no hay testigos, y otras que se sustentan en la mera lógica. Sin embargo, los impresentables del arco político vernáculo se indignaron. Ya sabemos que entre los deportes preferidos de nuestros dirigentes está el hablar ante cada micrófono que se lleven por delante, pero la sal del churrasco es la indignación, forzada, obvia, obsecuente. Algunos se indignaron porque los dichos de Videla tocaron lo más intocable de cada fuerza política: ese espíritu republicano y respetuoso de la continuidad democrática que tanto dicen defender. Otros, se pusieron de culo porque Videla -además de varias sarasas- tiró algunas frases que, por incontestables, se dan por válidas. Un tercer grupo se indignó porque hay que indignarse cuando habla un dictador, porque hay que congraciarse con la patria progresista que no los vota ni los votará -a no ser que estén en el poder, obvio- y porque todos dijeron lo suyo y no da para quedarse afuera. Son los mismos que manifestaron su pesar por la muerte de Alfonsín porque vieron mucha gente en el velorio y dijeron que Néstor fue un estadista antes de que el médico terminara de firmar el certificado de defunción.

Las declaraciones de los distintos grupos fueron dignas de un análisis sociológico que nadie se animaría a realizar. El flamante aplaudidor cristinista, Ricardo Gil Lavedra, sostuvo que Videla es responsable de haber cometido y ordenado los crímenes más atroces e inhumanos. De desmentir alguno de los dichos del exdictador respecto a un sector del radicalismo que apoyó el golpe de Estado -y que presidió casi cuatroscientas intendencias durante el gobierno de facto- nada. Luego, se tiró un par de laureles al afirmar que los juicios a las juntas abrió un camino inédito en el mundo que fue poder perseguir a través de un tribunal civil la comisión de delitos atroces, algo que ya había pasado en 1946, pero no vamos a negarle el mérito por esta cuestión subjetiva.

Carlos Kunkel, pelmazo congénito que ostenta el privilegio de haber sido uno de los pocos justicialistas expulsados del partido por el mismísimo Perón, demostró que el paso de los años no disminuyó su poder para decir pelotudeces, y afirmó que los dichos de Videla son de una intencionalidad perversa de buscar debilitar el frente interno argentino ante la escalada de la potencia inglesa. Prefiero suponer que Kunkel está gagá y no que hubo gente que votó a un tipo tan, pero tan pelotudo que supone que tenemos un frente interno consolidado frente a una escalada británica, mientras la represión estatal se nos hace moneda corriente y los recursos naturales son entregados a "la potencia" como si de un souvenir se tratara.

Otro miembro nuevo del elenco de aplaudidores cristinista, Federico Pinedo -sí, Pinedo- aplicó toda su capacidad cognitiva y la maquinaria de sinapsis para sostener que le dolió que Videla utilizara la palabra "desaparición" para referirse a las instituciones republicanas. No sabemos si le jodió porque desaparición es difícil de pronunciar, o porque Videla está tan viejo que no se da cuenta que eso ya pasó hace rato. Quizá el más sensato fue Adrián Pérez, quien sostuvo que un dictador no puede dar lecciones de republicanismo.

Sinceramente, creo que lo que más jodió de las declaraciones de Videla -además de darnos cuenta de que todavía vive- es que el tipo haya demostrado que estará viejo, pero no senil y que no es una figura decorativa en casi todos los juicios desde 2001 -no, no fue Néstor el que habilitó los juicios a los militares- sino que todavía puede hablar y expresarse. Obviamente, los únicos interesados en saber qué tiene para decir una de las dos figuras más visibles de aquellos años que aún vive, son los extranjeros. Acá mucho no se pregunta. Las opiniones que sacuden un poco el relato que nos construimos para no sentirnos culpables de haber apoyado un golpe de Estado nos resultan chocantes.

A mí criterio, poco me importa si Balbín le pidió a Videla que dé el golpe. Si así fue, lo entiendo, no es nada que no hayan hecho muchos peronistas, muchos socialistas, casi todos los empresarios, Héctor Timerman y la inmensa mayoría de la sociedad civil en su conjunto. Si Videla quiere decir que Perón ideó el esquema represivo a pesar de su intencionalidad de aniquilar a la subversión con la Policía Federal -y para eso puso a Villar al frente de la misma- para luego sostener que fue Ítalo Luder quien le dio la autorización para matar un año después, que lo diga, si es cierto o no, me importa tres carajos: no es nada que no desearan muchos otros tantos argentinos de aquellos años. En todo caso, Videla está en todo su derecho de dar a conocer su versión de la historia subjetiva. Sin embargo, no le criticaron esto, le criticaron recordar los hechos. El arco político se indignó porque un tipo que comandó la represión más violenta del operativo Cóndor recordó que aquellos años existieron más allá de la fantasía, que no salieron a cazar gente porque no tenían televisión por cable para matar el rato en el casino de oficiales. Quizá, lo que más haya indignado a la dirigencia argentina es sentirse identificado con un nivel político paupérrimo, impotente para lograr imponer una puta idea, una clase dirigente tan pedorra y aislada de la sociedad, que no han podido encausar -ni aprovechar- un sólo reclamo generalizado y sólo se dedica a cumplir la agenda del día del gobierno, quejándose por los excesos y haciendo que se indigna muy indignada.

Hace unos días, todavía no habíamos digerido que la Federal de Cristina reprimiera con gases a un grupo de veteranos que reclamaba por un derecho que ellos creen justo. El gobierno, en vez de sentarse a negociar -o hacerse el boludo, como con el 99,9% de los cortes de tránsito de los últimos nueve años- los reventó a bastonazos progresistas y los encanó con esposas nacionales y populares. Nosotros, manso rebaño, aceptamos el hecho y miramos para otro lado. Algunos puteamos por la pelea Falcioni-Riquelme, otros más atentos a lo que pasa con las mineras, la inmensa mayoría en otra. Una puteada de cinco minutos, una indignación de media hora, y ya no recuerdo si hubo represión. La tarea de quienes deberían romper las pelotas -para eso hicieron campaña, para eso se sometieron a una elección, para eso fueron elegidos, para eso se les paga un sueldazo- miró para otro lado gracias a una preocupación más importante. Todo bien con los veteranos, pero primero hay que justificar porque acepto un aumento del 100% en mis haberes sin chistar demasiado, yo no sé quién dio el aumento, a mi no me miren, yo no fui, fue el de al lado, yo sólo cobro y levanto la mano cuando vengo. El escándalo -segundo del día- duró menos que el primero: se hizo de noche y por la mañana apareció una entrevista a Jorge Videla.

La vida sigue, la historia avanza, lo pasado está bien lejos y ningún juicio puede solucionar los delitos cometidos por la dictadura, como tampoco puede resarcir la inutilidad de los políticos de esos años ni la culpabilidad de quienes hoy dicen despreciar algo que pidieron casi a gritos. Mientras todos miramos a Videla, el gobierno reprime cada vez más seguido, los legisladores se la llevan en pala, el trabajo mejor remunerado es ser amigo de Boudou, la Gendarmería es utilizada para infiltrarse en protestas, la Presi habla de inclusión y progreso en Santa Cruz -donde reprimieron brutalmente a los estatales que se oponen al despido masivo- y la oposición se divide entre aplaudir algún fuego artificial de Cristina o hacer la plancha en el mar de la nada. El resto de la sociedad, la mira desde afuera. Algunos se indignan por las declaraciones de un geronte, otros viven sus días olvidando lo sucedido y puteando al gobierno según la agenda oficialista, ayer a los legisladores, anteayer a las mineras, mañana a los gendarmes. Eso sí, todo sin movilizarse demasiado, hace calor, está pesado y alguien se tiene que hacer cargo de mi reclamo, que sea otro, yo no, para algo les pago el sueldo y esta noche hay fútbol. Tal vez, lo que más nos rompe de Videla es tener que reconocer que aún vivimos bajo una de sus más grandes imposiciones culturales: no te metás, algo habrá hecho.

5 comentarios:

  1. Ni Videla ni los militares del proceso fueron grandes gobernantes, pero tampoco fueron monstruos que un día se levantaron con ganas de tomar el poder y matar gente. No encarnan el mal absoluto, ni la irracionalidad, ni el exterminio. Esos milicos son solamente varios de los muchos ineptos que no han planteado un proyecto auténticamente nacional. Tal vez Videla y su banda acertaron a la hora de plantear algunas políticas, pero fracasaron en todas las otras, las que justamente necesitaba el pueblo argentino para huirle a la mediocridad.

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  2. Seria bueno que esta ramera que llegó a senadora por puro nepotismo presente un proyecto de repudio hacia la acción criminal de lo gendarmes catamarqueños, tucumanos y salteños que en los ultimos días andan reprimiendo violentamente a la gente que le bloquea insumos a Bajo de la Alumbrera.

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  3. Liliana: "Videla miente al afirmar que su gobierno disfrutó de una amplio consenso nacional"
    ¿que epoca vivió? ¿no estaba en el pais en el 76? Mas o menos al 70% del pais le daba igual que este Videla o Isabelita o Balbin de presidente. Despues el resto de los argentinos se dividian entre una mayoria que lo apoyaba (ahi entran todos esos políticos que colaboraron con el Proceso, ocupando puestos de intendentes o ministros) y una pequeña minoria que lo detestaba. O sea que en definitiva Videla no miente, mienten los que nos quieren hacer creer otra cosa ahora.

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  4. Diría que todo el botox le afectó el cerebro a la Fellner, pero no estoy segura que haya tenido un cerebro al cual afectar.

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  5. mejor seria que esta señora repudie a los que contribuyeron con videla en Jujuy y que todavia estan sueltos, como por ejemplo Blaquier .

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