La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

martes, 28 de febrero de 2012

El caso de un perro comeniños podría develar una lúgubre industria del aborto en Joaquín V. González

Un perro callejero accedió al interior del edificio del hospital “Oscar H. Costas” de Joaquín V. González y sacó de un tacho de residuos patogénicos un feto de tres meses de gestación y 200 gramos de peso y luego huyó por los pasillos del nosocomio, con su presa entre sus fauces, ante la repulsión y el desconcierto de los pacientes que observaron el terrible espectáculo.

El hecho se produjo la mañana del viernes 24. Según se estableció, la criatura era de una mujer de 42 años que fue internada la noche anterior debido a fuertes dolores, que atribuyó a una golpiza (de la cual conserva vestigios), propinada por una sobrina hace 15 días.

Aunque los médicos consultados por el caso intentaron bajar los decibeles de la cuestión, quedó en claro que no hay un buen manejo de los residuos patológicos.

Un enfermero dialogó con El Tribuno por la situación y entregó un análisis terrorífico: “¿Vos sabés lo que son los gatos placenteros? Seguramente lo habrás escuchado. Son los felinos que merodean el hospital y se llevan las placentas que se tiran. Ustedes también habrán visto a los cerdos que vienen a la parte posterior del edificio y se sirven de estos residuos. Ahora fue un perro”, comentó.

Por este hecho muchos de los pacientes que fueron testigos del episodio se preguntaban si en el nosocomio se hacían abortos lo cual es un delito descripto en el título I, capítulo I “delitos contra la vida”, en el Código Penal Argentino.

El tema generó polémica y habrá que ver cuáles serán repercusiones dentro de la sociedad, en el ámbito de la salud pública y en la justicia.

Mientras tanto, las pesquisas destinadas a determinar las razones por las que abortó la mujer cuyo feto fue devorado por un perro que ingresó al corazón mismo del nosocomio, quedaron en manos de la Brigada de Investigaciones. Ella aduce que sufrió una paliza por parte de una sobrina de 15 años, aunque hay versiones de que, en realidad, quien la golpeó con salvajismo fue su propia hija, de 18 años, quien es, por ello mismo, imputable.

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