La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 26 de enero de 2012

Fiebre constructora en Yerba Buena: un castigo contra el medio ambiente

La fiebre de construcción de complejos habitacionales de mediano y alto valor en la zona del pedemonte de Yerba Buena, a ambos lados de la Avenida Presidente Perón, trae como consecuencia algo más que el florecer de bonitas casas, cómodas, amplias y con una vista privilegiada.

En un recorrido por la zona - impensable hace 20 años- observamos coquetos barrios privados y edificios en altura que combinan la seguridad de la construcción en altura con la tranquilidad de la zona residencial; sin embargo una realidad oculta se despliega detrás de semejante espectáculo del progreso: la de la destrucción de los cauces de agua de la zona.

Las empresas constructoras de la zona encontraron en la región una fuente generosa de obtención de piedras y áridos para el relleno de terrenos y la elaboración del hormigón. Los ríos ofrecen, naturalmente, abundante material muy codiciado para la construcción, sobre todo para aquellos quienes gustan de explotar la naturaleza desmedidamente sin prever las consecuencias ecológicas.

No es necesario andar mucho para llegar a los arroyos Las Piedras y Caínzo, al norte de la avenida Perón y al oeste de Villa Carmela. El acceso se realiza a través de los campos de plantación de limón que, curiosamente, exhiben gruesos caminos llenos de polvo y tierra suelta, que denotan el intenso tráfico vehicular hacia la zona. El arroyo es un cauce natural de agua que se nutre de las lluvias del pedemonte, originada en el área protegida de la Sierra de San Javier.

Durante su recorrido, el arroyo muestra dos paisajes totalmente distintos: las llamadas zonas vírgenes, donde todavía no accedieron las máquinas, y las zonas devastadas por la explotación indiscriminada. Allí donde todavía las palas y excavadoras no llegaron, los arroyos exhiben una fisonomía naturalmente cerrada y un suelo regado de piedras de diferentes tamaños que le otorgan porosidad al suelo y contienen la fuerza de la corriente del agua.

En las zonas de trabajo se observa un cauce completamente distinto. Son lechos anchos y profundos, ya sin presencia de piedras, y que muestran un suelo sólido e impermeable. Son las zonas donde las máquinas trabajan sin descanso extrayendo mineral del suelo para la construcción, en complicidad con las fincas de limones linderas, que posibilitan su paso.

En estas regiones ambos arroyos han perdido su capacidad de absorción, ya que las palas extraen todo el material posible del suelo y sólo se detienen cuando llegan a un nivel en que la dureza hace imposible seguir cavando.

La destrucción de los cauces naturales se extiende incluso hacia el área protegida llamada Parque Sierra de San Javier. Propiedad de la Universidad Nacional de Tucumán desde principios del siglo pasado, fue declarada protegida en 1973 y declarada de categoría II por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La zona tiene una importancia vital para la conservación de especies animales, ya que en ella vive el 24% del total de las especies de aves y mamíferos que existen en todo el país. Es refugio de especies en extinción y de una variedad amplia de flora, especialmente de árboles.

Sin embargo, una de sus principales funciones es asegurar la estabilidad de las cuencas hídricas que proveen agua para consumo y para el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas.

Tanto el arroyo Las Piedras como el Caínzo se originan dentro del área protegida. Sin embargo, la extracción indiscriminada de minerales de sus cauces se inicia dentro mismo del Parque, violando así restricciones internacionales.

La modificación de la fisionomía de los arroyos puede traer consecuencias graves en el corto plazo. La falta de porosidad en sus suelos ocasiona que el cauce deje de absorber agua en su recorrido, provocando desbordes e inundaciones, y no permite disminuir la fuerza a medida que avanza. La deforestación de las zonas linderas para el acceso de las máquinas provoca una disminución de las barreras naturales que constituyen los árboles a los desbordes.

Por otro lado, los pozos generados por las excavadoras ya se habrían cobrado este año su primera víctima, en Lules: el 2 de enero Hernán Buldurini, de 14 años falleció mientras se bañaba en el Río Lules, aparentemente “succionado” por un pozo que se encontraba en el fondo.

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