La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 2 de octubre de 2011

Doble homicidio de las francesas en Salta: cuatro hipótesis sobre la causa

El 29 de julio dos cuerpos fueron encontrados en la Quebrada de San Lorenzo, a unos pocos kilómetros al noroeste de la ciudad de Salta. A los cadáveres se los identificó como Cassandre Bouvier, de 29 años, y Houria Moumni, de 20. Las dos mujeres, de nacionalidad francesa, se encontraban aparentemente haciendo turismo en la zona. Llegaron el día 11 de junio y el 15 desaparecieron. Catorce días más tarde, las dos jóvenes fueron localizadas pero ya sin vida y con evidentes signos de haber sido ultrajadas.

El hallazgo generó conmoción entre la sociedad salteña, lo que motivó a que el propio gobernador Juan Manuel Urtubey se pronunciase en contra de la impunidad. La razón para ello era que las muertes empañarían a la imagen de Salta como polo turístico internacional del NOA, motivarían a que Francia critique a la Argentina cristinista y generarían una mala imagen en el electorado a pocos días de las PASO, lo que practicametne obligaba al gobernador a manifestarse públicamente acerca del asunto. Pero, pese a las causas evidentes, el hecho de que el gobierno provincial prometiera intervenir con tanto ahínco para ubicar a los culpables del doble homicidio levantó la sospecha en más de uno, puesto que las autoridades salteñas no se caracterizan por emprender cruzadas para encontrar criminales.

A partir de allí se empezaron a proponer toda clase de teorías para descifrar cuál fue el móvil de los asesinatos. La especulación de la prensa tejió, al menos, cuatro hipótesis con cierto grado de plausibilidad.

La fiesta negra

En lo primero en lo que se pensó fue en un doble homicidio perpetrado por gente de clase alta de la provincia. La sospecha se fundamentaba al considerarse el lugar en donde los cadáveres fueron hallados. En efecto, San Lorenzo es una localidad que entra en la categoría de “villa veraniega”, es decir es una localidad en la que abundan casas que sólo son ocupadas por sus dueños durante los fines de semana o los meses de verano. En ese sentido San Lorenzo se asemeja a la jujeña Yala o la tucumana Villa Nougués, pueblos que se caracterizan por acoger temporalmente a gente perteneciente a los sectores más pudientes del empresariado, a familias de exitosos profesionales liberales, a miembros del poder judicial y a la corporación política local.

El NOA recuerda además a las jóvenes vilmente violadas y asesinadas por poderosos: María Soledad Morales en Catamarca, Leyla Nazar y Patricia Villalba en Santiago del Estero, Paulina Lebbos en Tucumán. De allí es que se especuló que a Bouvier y a Moumni las liquidaron en el marco de una orgía a las que las habrían invitado, presuntamente después de haberlas drogado.

Lo único que le daba algo de sustento a esta hipótesis era el extraño hecho de que los cuerpos aparecieron dos semanas después de haber sido vistos por última vez, y que el grado de descomposición de los dos cadáveres abandonados a la intemperie no parecía adecuarse con el que se esperaba. En su momento hasta se sugirió una suerte de secuestro.

Sin embargo esta línea de investigación no prosperó. Más allá de que se llegó a señalar a unos turistas cordobeses como los probables culpables de las atrocidades, el análisis de las pruebas de material genético cambiaron la dirección de los esfuerzos por esclarecer los crímenes.

La orgía atroz

La investigación de la justicia salteña arrojó tres nombres como posibles autores materiales de las violaciones y del doble homicidio: Daniel Vilte, Gustavo Lasi y Santos Vera. Al parecer, lo que se sabría es que los tres acusados habrían estado merodeando la zona de la Quebrada de San Lorenzo, posiblemente retornando a sus hogares tras una jornada de pesca, cuando habrían interceptado en el camino a las dos francesas, las habrían doblegado a fuerza de golpes y puntapiés, las habrían violado por todos sus orificios, y luego las habrían ejecutado con las armas de fuego que portaban para ejercer la caza.   

A su vez, la justicia estableció que Fernanda Cañizares (la novia de Gustavo Lasi a la que encontraron en posesión de objetos cuya propiedad la ejercía Cassandre Bouvier), Enrique Lasi, Darío Ramos y Eduardo Sandoval habrían obrado como encubridores.

Según esta perspectiva, las pruebas de ADN serían contundentes. Los peritajes marcan que Gustavo Lasi abusó reiteradamente de ambas, y Santos Vera violentó analmente al menos a una de ellas. De Daniel Vilte, en cambio, aún no se hallaron pruebas que permitan afirmar que haya participado de los crimenes, aunque Gustavo Lasi no cesa de incriminarlo. Hace poco se conocieron unas declaraciones del abogado de Vilte, quien sostuvo que Lasi lo inculpaba a su defendido por pedido de la policía.    

Lo que esta historia deja entrever es que los acusados serían los autores materiales del doble homicidio, pero no necesariamente los intelectuales. Dicho de otro modo, Lasi, Vera y quizás Vilte son o perejiles o sicarios.

Justicieras ajusticiadas

Otra versión que corrió es, a todas luces, la más inverosímil. Empero ella resulta atractiva para mucha gente, especialmente para los cibernautas. Nos referimos a la hipótesis planteada por Juan Ahuerma Salazar, un autor de ficciones de éxito confidencial, que fabuló una historieta alucinante para llenar los huecos del caso: según el novelista, Bouvier y Moumni habrían estado investigando a las comunidades aborígenes de Salta, y de su pesquisa habrían llegado a la conclusión de que muchos fondos destinados al financiamiento de proyectos para el desarrollo social de los aborígenes estarían siendo desviados o retenidos por la oligarquía salteña, para de ese modo terminar de hambrear a los pueblos originarios y quedarse con sus tierras con el propósito de extender la cantidad de sus hectáreas destinadas al cultivo de la soja.

La delirada imaginación de este reconocido escribidor se dispara a partir del dato que hacía a Bouvier y Moumni especialistas en Estudios Latinoamericanos (en Europa existen científicos sociales que se especializan en el estudio histórico, sociológico y/o antropológico de diversas partes del mundo, siendo Latinoamérica una de ellas). Como ellas se desempeñaban profesionalmente en esa área –en rigor sólo lo hacía Bouvier, ya que Moumni era aún estudiante universitaria–, entonces no suena demasiado descabellado decir que ambas estaban armando informes para la UNESCO o algún otro organismo internacional, y que a causa de ello fueron fatalmente intimadas para que desistieran.

Donde pierde solidez esa hipótesis es en el hecho de que no repara en que Iberoamérica está llena de comunidades aborígenes en situaciones similares a las de Salta y, pese a toda la promoción que su causa recibe, nadie las toma seriamente en cuenta. Es decir, no faltan indígenas iberoamericanos que resultan víctimas de corruptos y manipuladores que los mantienen en la pobreza más vergonzosa; y tampoco faltan europeos o norteamericanos que denuncian permanentemente a los responsables del subdesarrollo indígena, pero rara vez se escucha que alguien sea asesinado por ello. Las denuncias siempre están, no obstante nunca pasan a ser más que simples denuncias y las represalias nunca llegan, debido a que no existe verdadera voluntad política en la comunidad internacional para castigar a quienes se aprovechan de la frágil situación de los pueblos originarios. De allí se sigue que aniquilar a alguien por ser un denunciador es un precio demasiado caro por algo que se compra tan barato, vale decir no es negocio para los negociantes.

El tráfico

Finalmente, una última hipótesis invierte la mirada de Ahuerma Salazar. Según esta, Bouvier y Moumni no serían víctimas inocentes, o al menos si serían víctimas aunque no serían inocentes. Dicho con otras palabras, hay quienes sugieren que a las francesas las mataron en un ajuste de cuentas.

Ahora bien, ¿quién querría ajustar cuentas con dos sociólogas que viajaban permanentemente por diversas partes de Iberoamérica para retornar cada tanto a sus hogares europeos? La respuesta parece requerir identificar a aquellos que se beneficien de las personas que, regularmente, salen y entran de Europa provenientes de Iberoamérica. Más concretamente, a quienes se busca es a aquellos que van y vienen del Viejo al Nuevo Mundo y viceversa cargando con recuerdos (o, para decirlo galicanamente, souvenirs) no declarados ante los defensores de la ley.  

Ángela Micaela Palomo