La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 6 de noviembre de 2011

Acerca de la impostura de un Tucumán antisemita

La UBA, la DAIA y una operación de prensa

A principios de octubre de este año, la prensa tucumana difundió los resultados de un trabajo que hizo el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA en torno al tópico del antisemitismo. Dicho trabajo contó con el auspicio de la DAIA y de la Anti-Defamation League, dos ONG que sólo existen para defender los intereses de la comunidad judía. Lo que sorprendió a todos en la provincia fue el hecho de que los medios tucumanos afirmaron que, según este estudio, San Miguel de Tucumán es una de las ciudades más antisemitas de la Argentina.

Sin embargo, como suele suceder, no se advirtió que la información difundida por la prensa es inexacta. En nuestros días sobran vigías que, jugando al 678, fustigan en detalle los artículos que Clarín o La Nación publican a diario sobre el kirchnerismo, tratando de mostrar que hay una campaña comunicacional en contra del gobierno. Tampoco faltan los policías del pensamiento que, cobrando sueldos del INADI, se ocupan de monitorear a la prensa del país, con el fin de redactar informes acerca de una supuesta ola de irresponsabilidad periodística que termina contribuyendo a la criminalización de la pobreza, a la cosificación de la mujer y a la perpetuación de estereotipos. Pero cuando se promueve una idea escandalosa que convierte a muchísimos compatriotas en despreciables antisemitas nadie dice absolutamente nada. Ese tipo de noticias que menosprecia a las mayorías son aceptadas como si fuesen verdades reveladas.

Aquí hace falta acercar un poco de luz. A fines de septiembre la DAIA publicó el Informe sobre antisemitismo en la Argentina 2010, que es un libro que recoge diversos artículos sobre el judaísmo. Uno de esos artículos, que va desde la página 23 hasta la 59, es el mentado trabajo que los académicos de la UBA realizaron. Este texto, en rigor, no versa sobre el antisemitismo sino sobre las representaciones sociales acerca de los judíos en la Argentina. Allí se lee (pág. 29) que la ciudad de San Miguel de Tucumán es una de las localidades argentinas en donde su población local proyecta, en un alto índice, representaciones negativas acerca de los judíos. Ese índice sólo sería superado en el país por los habitantes de la ciudad de Mendoza. Estos datos, procesados bajo cierta minuciosidad científica, no equivalen necesariamente a la denuncia de un sentimiento antisemita. Pero esa no fue la opinión de la prensa tucumana.

Los medios de desinformación de Tucumán incluso dieron un paso más para afianzar su impostura: establecieron una cifra, cuantificaron a los “antisemitas”. El trabajo de los sociólogos de la UBA sostiene que, de entre la gente encuestada por ellos, un 29% afirma que no viviría en un barrio con gran presencia de vecinos judíos. La expresión “gran presencia de vecinos judíos” da la impresión de un barrio privado o un country para judíos, o quizás algo en esa línea. Sea como sea, lo que en Tucumán hicieron fue tomar ese número para, irreflexivamente, afirmar que el 30% de los argentinos son antisemitas. Ese dato es un invento de la prensa, pues no está señalado en ninguna parte del texto presentado por los miembros del Instituto de Investigaciones Gino Germani.

No obstante, la gente de la DAIA no sólo no rectificó la información errónea, sino que además la ratificó. Lo prueba, por ejemplo, las declaraciones que hizo el comandante de la facción tucumana de la DAIA, Fabián Neiman, quien sostuvo que ese inverosímil número no era para ellos sorpresivo, ya que el antisemitismo “se trata de un fenómeno que está creciendo en el país, y que se ve también a nivel global”.

Las voces tucumanas

La difusión de la tergiversación provocó diversas reacciones entre la ciudadanía tucumana.

Pedro Guaraz, un abogado socialcristiano que fuese candidato a gobernador por el Frente Unidad Sur en las últimas elecciones, aprovechó el agua que llegaba a su molino para hablar acerca de los prejuicios. Dijo:

Este país que se vanagloria de ser cristiano y católico sostiene un 30% de cultura antisemita, un verdadero despropósito; nadie que se precie de cristiano puede ser antijudío; todo cristiano ama y debe amar a todo ser humano, pero en lo atinente a nuestros hermanos judíos nos une el simple y sencillo hecho de ser seguidores de Abraham y Moisés (que compartimos con los hermanos islamitas) y fundamentalmente de María, José, Jesús, Pedro, Pablo, Santiago, Judas y demás apóstoles, Juan, Mateo, Lucas y Marcos, (los evangelistas) y todas las comunidades iniciales del cristianismo. Ser cristiano y antisemita es igual a ser un cuadrado redondo, no existe; todo cristiano es seguidor de un judío: Jesús, que vino a sumar al mensaje del Antiguo Testamento un nuevo mandamiento: amarse los unos a los otros, sin distinción alguna.

La voz de Guaraz es la voz de los cristianos que no sólo aceptan sino que además intentan profundizar las conclusiones anticatólicas a las que llegó el nefasto Concilio (o Conciliábulo) Vaticano II. De allí que no es extraño que este sujeto advierta que es necesario trabajar en “la educación de nuestros hijos, para que no continúen presos de odios”. Según este señor, el antisemitismo es un problema educativo generado por la pedagogía católica culpable de la “deformación religiosa”.

El librepensador Humberto Hugo D’Andrea le contestó al pichón de político:

Discrepo con Guaraz toda vez  que critica exclusivamente a la religión católica, y  la hace responsable de que un 30% aleatorio no especificado de la población se haya manifestado en la web con juicios y opiniones personales acerca de cómo ven a una minoría religiosa que habita en el país. Creo oportuno recordar que hace muchos años, leí algún  preámbulo de nuestra manoseada Constitución que dice: "para nosotros y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino". Gracias a esto  es que pudieron venir a nuestra patria  inmigrantes  de diferentes partes del mundo, muchos de los cuales, con gran esfuerzo lograron fundar importantes empresas que hasta hoy subsisten. Todos ellos vinieron y aceptaron nuestro credo y contribuyeron a que nuestra patria se engrandeciera. En verdad, no recuerdo que ningún integrante de estas colectividades se haya  victimizado por malos tratos o quejado  por  discriminación. Supongo que eso  se debió  a que ninguno de ellos  se sintió extraño en nuestra tierra, lo que permite suponer que se sintieron absolutamente argentinos. Es por esto que no coincido en justificar  aquello de una  permanente victimización y la queja constante de  una minoría religiosa que supo confundir y unificar lo étnico con lo religioso, para cimentar una particular ideología.

D’Andrea sacó a relucir un tema fundamental: la identidad argentina ya estaba plenamente constituida cuando se establecieron los proyectos inmigratorios. Los inmigrantes contribuyeron al crecimiento del país, pero no lo impulsaron ellos. Argentina no es un mosaico de culturas donde cada grupo representa una tesela yuxtapuesta a la otra, tampoco es un crisol donde las culturas se funden y se confunden convirtiéndose todo en lo mismo, sino que es un país de diversidad, en donde un grupo mayoritario acoge a los demás y les da protección para su desarrollo, invitándolos a que asuman como propia a la tradición que posee o, por lo menos, a que no le teman.

El historiador Arturo Garvich se sumó a la discusión diciendo:

No deja de sorprenderme que Humberto D’Andrea se refiera a los argentinos judíos como "extraños" porque no aceptaron "nuestro" credo, y justifica su discriminación. Estas y otras graves injurias son ajenas a Dios y a nuestra propia nacionalidad puesto que fueron extrapoladas de una vieja Europa inquisitorial y de un nazismo foráneo. Recordemos que el Concilio Vaticano II, en su encíclica Nostra Aetate (Nº 4) fue muy explícito al respecto, dejando en claro que "Jesús y sus discípulos, que han anunciado al mundo la venida de Cristo, han nacido dentro del judaísmo" y que "el proceso y la muerte de Jesús no pueden ser imputados a todos los judíos de entonces ni a los de hoy".

Lo que hizo Garvich con su intervención fue hacer cumplir la Ley de Godwin al involucrar al nazismo para hablar de un tema que no está para nada vinculado al nazismo. Y para empeorar las cosas, citó una encíclica posconciliar que es muy beneficiosa para ciertos actores del escenario geopolítico actual pero que poco tiene que ver con las verdades doctrinarias del cristianismo. Curiosamente Garvich también había citado el pasaje de Mateo 5:17 (atribuyéndoselo erróneamente a Mateo 22) en el que se lee: “Yo no vine a cambiar ni un punto ni una coma de la Ley o los profetas, sino a hacerla cumplir”. Con esa frase pretendía este tucumano reducir a la religión cristiana a una variante del judaísmo, negando el hecho de que la misma es su superación.

Finalmente la escritora Juana Sadir de Asfoura hizo una aclaración:

Nos informan por los medios que una encuesta realizada sobre mil y tantas personas, muestra la existencia de antisemitismo en todo el país, ocupando el primer lugar la provincia de Mendoza y en segundo orden, Tucumán. Claro está que la encuesta se refiere a los semitas de religión judía; por cuanto existen semitas cristianos, musulmanes, etcétera. Quiero referirme a las inescrupulosas publicidades fantasiosas sobre el tema, esgrimidas siempre en momentos cercanos a algún acontecer a nivel mundial, regional o provincial, tanto en lo político, económico, cultural o de sentido de pertenencia. A veces por corporaciones internacionales que maquiavélicamente manejan la humanidad; no es este el tema que me preocupa por cuanto escapa a mi superficial análisis y real conocimiento. Lo que sí me preocupa y duele es que se habla de antisemitismo en mi Tucumán. Somos respetuosos de todas las religiones, todos somos argentinos, trabajamos en este suelo y para este suelo. Nuestras diferencias nos unen. Los cinco dedos son diferentes, pero conforman la mano que trabaja, ama y educa.

Lo que se observa en este debate es que Guaraz y Garvich hablan del judaísmo como si fuese una cuestión religiosa, mientras que D’Andrea y Sadir de Asfoura lo hacen desde un punto de vista cultural-biológico y biológico-cultural (o sea étnico), por tanto hay dos visiones políticas contrapuestas.

¿Qué es un judío?

En el libro de la DAIA se indica (pág. 34) de qué manera definen al judaísmo quienes no son judíos en la Argentina. Para la gran mayoría el judaísmo es una cuestión religiosa, luego están quienes piensan que es un tema vinculado al apego de unas tradiciones determinadas (una cuestión cultural) y por último también hay muchos que suponen que el judaísmo es un asunto de nacionalidad. Esto último para los autores del informe “despierta cierto nivel de asombro en la medida que representa una creencia alejada de cualquier referente de la realidad” (loc. cit.).

¿Religiosa, cultural o nacional? ¿Cómo es la denominada “cuestión judía”? La DAIA, tal y como se lee en el estudio que encargaron, excluye lo étnico: ser judío, al parecer, no es un tema relacionado con la pertenencia a una determinada etnia. Tampoco está vinculado a la nacionalidad. Por ello lo que se infiere del texto financiado por la DAIA es que el judaísmo resulta ser una cuestión religiosa y cultural. Pero el hecho de que hayan miles de judíos que se declaran ateos anularía el costado religioso del asunto, reduciendo todo a un tema cultural. 

La cultura, en el sentido que se usa aquí, es el conjunto de actitudes compartidas, de los valores y metas comunes, y de las prácticas aceptadas y rechazadas que caracterizan a un grupo humano. Como es sabido, hay judíos que participan de grupos pro-Vida y hay otros que militan en los pro-Elección, hay judíos individualistas y hay judíos comunitaristas, hay judíos derechistas y hay judíos izquierdistas, entonces no se puede observar en los judíos valores, metas o actitudes compartidas, sino todo lo contrario: hay posiciones discordantes entre ellos. El que es judío, por tanto, no lo es meramente por el ejercicio de una cultura sino que hay otros factores involucrados.

La cuestión acerca de la identidad judía es un tema nebuloso, que, por diversos motivos, periódicamente emerge en el seno de la política israelí. Tradicionalmente se considera judío sólo a aquel que acredita una descendencia física de judíos (es decir a aquel cuyos progenitores son judíos) o a aquel que manifiesta su sincero deseo de pertenecer a esa familia espiritual (es decir a aquel que se convierte al judaísmo tras un arduo proceso de admisión). Para el judaísmo no existe la renuncia a lo judío, por lo que si alguien nace o se le permite hacerse judío, lo será más allá de la religión o de la ideología política a la que adhiera después. De allí se deduce que el judaísmo es denotado perfectamente por el concepto de “etnia”.

Una etnia es un grupo humano que, por un lado, comparte ciertos rasgos biológicos comunes (rasgos desarrollados en un largo proceso de adaptación a determinados econichos) y que, por el otro, comparte una herencia extragenética común (misma cultura, mismo lenguaje y, en muchos casos, misma religión). Resulta curioso, por tanto, que en el libro de la DAIA la palabra “etnia” –en su variante “étnico/a”– aparezca sólo 8 veces, mayormente recogida en citas y sólo empleada de manera directa una única vez por uno de los autores en la página 152.

La palabra “etnia” proviene del griego έθνος y se la puede traducir como “pueblo” o “nación”. El “pueblo judío” o la “nación judía”, esto es la “etnia judía”, existe como una realidad positiva. Y también es un hecho innegable que en el corazón del Máshrek hay una entidad jurídica y política denominada “Estado de Israel”, reconocida internacionalmente –aunque no de modo unánime. El Estado de Israel, a través de su famosa Ley de Retorno, permite que todo aquel judío o descendiente de hasta tercera generación de judíos obtenga el beneficio de la ciudadanía israelí. Por ende no resulta extraño que haya mucha gente en Argentina que, además de olfatear un tema religioso o cultural en el medio, piense al judaísmo como un asunto de nacionalidad. El asombro de la DAIA asombra, entonces, hasta a los que perdieron la capacidad de asombrarse. 

Judeofobia, antisemitismo, antisionismo

Además de la investigación firmada por la gente de la UBA, el Informe sobre antisemitismo en la Argentina 2010 contiene unos diez artículos redactados, cada uno de ellos, por diversos colaboradores regulares de las publicaciones de la DAIA.

Uno de esos textos presenta los datos cuantificados sobre las denuncias de manifestaciones de “antisemitismo” que en nuestro país fueron recogidas por la DAIA durante el año pasado, otro se detiene particularmente en las pintadas supuestamente “antisemitas” que pueden apreciarse en la vía pública, y otro trata de reflejar el monitoreo que la DAIA hace sobre lo que ellos perciben como “antisemitismo” en la Internet. Un artículo habla sobre la vital importancia para los judíos de mantener la solemnidad en el abordaje del Holocausto, y otro –financiado con los fondos públicos que la Facultad de Derecho de la UBA dispone para la investigación científica– teoriza acerca del revisionismo del Holocausto.  

El libro de la DAIA, vale decir el informe sobre el fenómeno de lo antisemita en la República Argentina, contiene un largo y superficial texto acerca del “antisemitismo” en el contexto internacional, un resumen de las causas judiciales promovidas por la ONG (que van desde unos actos de vandalismo o de agresión física, hasta la condena a un grupo de ciudadanos por rendirle homenaje a un héroe de guerra alemán) y un apartado en el que hablan de publicaciones como los comunicados del Centro Ayohuma de Tucumán, el sitio web de Adrián Salbuchi y la histórica revista Cabildo sólo para tildarlas de “antisemitas”.

Empero la ya mencionada página 152 hace una aclaración interesante: “la judeofobia es el odio o rechazo hacia los judíos, desde lo religioso o étnico. El antisemitismo está basado en la superchería de la ‘teoría racial’ que atribuye causas biológicas a las diferencias morfológicas o culturales de los pueblos. El antisionismo, una expresión travestida de la judeofobia ahora desde lo político, es la oposición a la existencia del Estado de Israel.” Esas definiciones ponen en evidencia algo obvio: si el informe de la DAIA es sobre “antisemitismo” entonces todo lo referido a lo judeofóbico y a lo antisionista –algo así como el 90% del contenido del libro– no debería estar incluido, a no ser que esta ONG suponga que un judeófobo o un antisionista sea un antisemita, vale decir un supersticioso, que cree ser miembro de una raza biológicamente superior a la de los judíos. En “Conclusiones finales” (pág. 200) se lee: “En estos 274 casos [se refiere a las denuncias recogidas por la DAIA] encontramos manifestaciones racistas ya clásicas como las acusaciones de pueblo deicida, manipulación y control de los medios de comunicación y de la ‘banca internacional’; contaminación racial, auspicio de repetición de atentados terroristas en directa alusión a los sufridos en la Embajada de Israel (1992) y en la sede de la AMIA-DAIA (1994), doble lealtad en relación a la nacionalidad argentina y el vínculo con el Estado de Israel y, sobre todo, y a propósito del conflicto en Medio Oriente, las modalidades del antisionismo disfrazando otra clase de prejuicios”. Hasta el más distraído se dio cuenta que, descontando lo de “contaminación racial”, nada de lo anotado califica dentro de la definición que la propia DAIA da de antisemitismo.

Ciertas motivaciones políticas han demonizado tan ferozmente a la Teoría Racial, que hoy en día no se puede hablar de ella a la ligera. Por tanto me centraré en la judeofobia y en el antisionismo. Sin embargo, antes de hacerlo, es necesario aclarar por qué la DAIA emplea el término “antisemita” con tanta vaguedad e imprecisión.

El concepto contemporáneo de “antisemitismo” en un arma que se utiliza para promover y consolidar los objetivos, los intereses y el dominio de ciertos grupos políticos (casi en su totalidad ligados al sionismo). El motivo por el que se (des)califica a alguien como “antisemita” está vinculado a los esfuerzos de dichos grupos para acallar, silenciar y censurar a todos aquellos que critican o se oponen a sus actividades. La etiqueta estigmatizante de “antisemita” incluso es usada por extremistas para referirse a judíos que ejercen el pensamiento crítico y llegan a conclusiones que no son de su agrado, o para ningunear a los judíos jaredíes (como los adherentes al Neturei Karta) que consideran al sionismo un pecado contra Dios. Por tanto, como dijo Hayo Meyer, “hoy en día un antisemita no es alguien que odia a los judíos, sino que más bien es alguien que resulta odiado por los judíos extremistas”.

Ahora bien, volviendo al tema de la judeofobia me referiré primero al tema de lo religioso y después al tema de lo étnico. En el libro de la DAIA se cita el artículo “A propósito de la dialéctica Sinagoga-Iglesia” del pensador argentino Alberto Buela como un ejemplo de judeofobia religiosa. En ese texto, Buela sostiene que el Concilio Vaticano II, con su prédica de ecumenismo y diálogo interreligioso, banalizó a la misión de la Iglesia Católica Apostólica Romana, lo que hizo que los Obispos abandonasen su labor cristiana de Aufhebung de lo judío en el campo teológico. Ello lo ilustra el Arzobispo de Tucumán Alfredo Zecca cuando en una entrevista dice que “hay algo que llama la atención de ese estudio” al referirse a la investigación que discutimos, para luego derrapar anunciando un aquelarre de cultos organizada por él (en el artículo titulado “Contexto positivo”, una escriba de la DAIA enlista todas las campañas maquinadas e impulsadas por la organización, destacando especialmente a las diversas “acciones interconfesionales”, que no son otra cosa más que la radicalización del abandono de la dialéctica Iglesia-Sinagoga). Si el catolicismo tradicional, el que nace al calor del grito “crucificadlo” (Juan 19:6-7), resulta ser judeófobo y por tanto patológico según este discurso demonizador, el catolicismo parodiado y vaciado de su contenido por un grupo de herejes que tomaron el Vaticano hace cincuenta años, ¿es judeófilo y símbolo de salud mental?

Con respecto a la judeofobia étnica, lo que resulta interesante es destacar que, desde un punto de vista que defienda al etnopluralismo –esto es la teoría interculturalista que afirma el derecho a la diferencia en lugar de negarlo–, muchas acciones de la DAIA (v. gr. la presión ejercida para que la Biblioteca Nacional deshonre a Gustavo Martínez Zuviría y agravie su memoria) parecieran ser cristofóbicas. Cuando nos enteramos que la DAIA consiguió que se suplante la bandera de Tucumán por otra que fuese de su agrado debido a que les resultaba chocante ver la Cruz de Cristo, pero tras saber que ellos mantuvieron un silenzio stampa frente a una posible Estrella de David en la bandera de Salta, ¿no nos encontramos frente a un caso de cristofobia que atenta en contra de las tradiciones argentinas?

El penúltimo párrafo del texto de la DAIA (pág. 202) dice con respecto a todo lo que ellos consideran nocivo o perjudicial para lo que ellos entienden por judaísmo: “al ser discursos de ‘verdad’ que formatean las estructuras sociales y les otorgan identidad, es arduo ir contra ellos, tomar la distancia necesaria y, a la vez, reemplazar esos circuitos con otros, tendientes a la inclusión y a la diversidad.” ¿No suena esto a que organizaciones como la DAIA desean reemplazar a los discursos de “verdad” por discursos de “falsedad”?

Me restaría discurrir acerca del antisionismo, pero confío que a esta altura el lector ya haya comprendido cabalmente de qué se trata este tema.

Yo y otros ochenta tucumanos

En el informe del que se hizo eco la prensa de Tucumán figura que un total de 81 tucumanos fueron entrevistados para determinar cómo son las representaciones sociales acerca de los judíos en la Argentina. Quien escribe da fe de que participó de dicha encuesta.

Lo que me gustaría hacer, entonces, es reproducir las respuestas que di al ser entrevistado. Notará el lector la tendencia al plurium interrogationum de muchas preguntas y la redacción engañosa de muchas aseveraciones.

1. Actitudes hacia las personas de origen judío (responder con: Muy en desacuerdo, En desacuerdo, Indeciso, De acuerdo, Muy en acuerdo)


– Lo que más le interesa a un judío es hacer buenos negocios y ganar dinero.

Indeciso. La ambición por la riqueza material es el leit motiv de la sociedad secularizada. Son despreciables todos los que adoptan esa actitud, sean o no judíos.

– Los judíos tienen demasiado poder en los mercados financieros internacionales.

De acuerdo. Es un hecho histórico. El sólo nombre Rothschild lo comprueba. Aunque yo no hablaría de “demasiado” sino de “muchísimo”, pues el primer término da la idea de desbordamiento y el segundo de falta de límites, y la lógica de quien tiene poder en el escenario secular es seguir acrecentándolo hasta el infinito. Todos los que se dedican a algo tan vil como el mercado de finanzas tienen demasiado poder y algunos tienen mucho más poder que otros.

– Los judíos tienen demasiado poder en el mundo de los negocios.

De acuerdo. Repito mi observación con el término “demasiado”.

– Los judíos son más leales a Israel que a este país.

De acuerdo. Pero no me gusta generalizar. Hay muchos judíos que aceptan gustosos viajar a Israel e incorporarse al Tzáhal pero, al mismo tiempo, esas mismas personas no expresan ningún interés por hacer el servicio militar en la Argentina o por sumarse a las filas de la policía o de la gendarmería local.

– Los judíos hablan demasiado acerca de lo que les sucedió en el Holocausto.

Muy de acuerdo. Lo que sucede es que le han dado un sentido teológico a ese evento.

– Los judíos son personas abiertas y generosas.

Indeciso. Hay judíos que si lo son y hay judíos que no lo son.

– Los judíos que viven en nuestro país se identifican con la nacionalidad argentina.

De acuerdo. También, en la mayoría de los casos, lo hacen con la israelí. Los descendientes de españoles e italianos no apuestan tanto a la doble nacionalidad, pero si lo hacen muchos de los descendientes de alemanes, de croatas, de sirios, de libaneses, de coreanos y muchos otros.

– El gobierno debería controlar mejor el poder económico que tienen muchos judíos.

En desacuerdo. No es el gobierno sino el pueblo (a través del instrumento organizativo del Estado) el que debería de ocuparse del control del poder económico, sea éste judío o de otra procedencia. Tienen que ser los ciudadanos y no los mercados quienes manden en un país.

– Los judíos son responsables de la muerte de Cristo.

De acuerdo. Según la Biblia, los judíos apresan a Jesucristo y lo acusan de sedición. Lo llevan ante el prefecto romano Poncio Pilato y le piden que lo ejecute. El funcionario imperial le concede el derecho de indulto al pueblo de Jerusalén, y éste elige a Barrabás. Como consecuencia Jesucristo termina siendo crucificado. 

– Los judíos siempre se aprovechan de la desgracia ajena.

Indeciso. “Siempre” es un término muy taxativo.

– Existen grandes representantes de los judíos en el campo de la ciencia.

Muy de acuerdo. Hay muchos judíos científicos de gran fama mundial (Freud, Einstein, Djerassi, etc) pero sus contribuciones deben ser juzgadas cuidadosamente.

– Los judíos que están en Argentina deberían irse a vivir a Israel.

En desacuerdo.

– Los judíos son personas trabajadoras.

De acuerdo. La mayoría de ellos ocupan puestos que requieren preparación académica (médicos, abogados, contadores, ingenieros, psicólogos, etc) y es inusual hallarlos trabajando como obreros o en otros oficios de cuello azul.

– Cuando entro a un negocio y veo que es atendido por un judío, me da desconfianza.

Indeciso. Como consumidor conciente de sus derechos, todo negocio me da desconfianza.

– La Argentina es el tercer país con mayor cantidad de población de origen judío en el mundo, ¿ud. cree que esto perjudica o favorece a nuestro país?

La pregunta es falaz, puesto que es imposible que en Argentina vivan más judíos que en Francia y en el Reino Unido, y seamos por tanto el país que más judíos alberga después de EEUU e Israel. El número de judíos no favorece ni perjudica a nuestro país, son, en todo caso, las acciones argentinas o antiargentinas de los judíos las que lo hacen.

2. Los judíos y los otros

– ¿Para ud. es positivo o negativo que los judíos tengan cargos de decisión política?

Es negativo que los judíos tengan cargos de decisión política si van a desarrollar acciones cristofóbicas o estrategias que defiendan al sionismo (al nacionalismo israelí) usando los recursos del Estado argentino. José Alperovich y Beatriz Rojkes son la prueba del peligro de darles poder de decisión política a sionistas.

– ¿Viviría o no en un barrio con una gran presencia de vecinos judíos?

En el caso de que existiese un barrio así, posiblemente sería un barrio privado para gente adinerada (las juderías se extinguieron a medida que el capitalismo se consolidó). Yo no viviría allí, seguramente, porque para el acceso al mismo existiría la restricción de ser judíos, puesto que existe el derecho de admisión y ellos pueden ejercerlo.

– ¿Se casaría o no con una persona de origen judío?

Creo en el casarse por amor. Lo haría si ella estuviese dispuesta a amarme tanto como lo haría yo. Pero seguramente uno de los dos debería someterse a un proceso de conversión o algo parecido. 

– ¿Los judíos participan de espacios comunes o cerrados?

Los judíos si participan de espacios tales como escuelas y clubes comunes a todos los argentinos. Ello no quita que tengan escuelas y clubes propios que siempre estén llenos, y que les agrade pasar incontables horas del lado de adentro de sus muros.

– ¿Los judíos ayudan a la gente necesitada?

La falta de solidaridad es un mal social muy agudo. Los judíos se abstienen de colaborar con quienes lo necesitan en un alto promedio, igual que lo hacen otros grupos étnicos en el país.

3. Los judíos y su aporte a la identidad nacional

– ¿En qué grado cree ud. que influyó la presencia de judíos en la formación de la identidad nacional?

Los judíos influyeron muy poco en la formación de la identidad nacional de los argentinos. Hasta mediados del siglo XIX no parece haber registro de marranos culturalmente influyentes en nuestra tierra. Después el país fue puesto bajo la órbita del sionismo que promovía la colonización rural y logró incrementar en gran número la presencia judía (especialmente ashkenazi) en la Argentina. Desde entonces el judío se ha convertido en parte del imaginario argentino, pendulando entre su incorporación a la tradición nacional y sus intentos por corroerla. Esto queda reflejado en varios textos: Der Judenstaat (1882) de Theodor Herzl, Los gauchos judíos (1910) de Alberto Gerchunoff, Trilogía de la trata de blancas (1933) de Julio Alsogaray, El diario de Ana Frank (1947) de Autor Indefinido –se lo puede incluir aquí puesto que fue escrito con una birome, que es un invento argentino–, Compromiso para la reconstrucción, la liberación nacional y la justicia social (1973) de José Ber Gelbard, Los planes ocultos del imperio sionista (1976) de Jacques Zoilo Scyzoryk, Efectos psicológicos de la represión política (1986) de Diana Kordon y Lucila Edelman, AMIA: por qué se hizo fallar la investigación (2000) de Claudio A. Lifschitz y La Mafia Judía en la Argentina (2008) de Fabián Spollansky. De entre los judíos argentinos uno puede identificar a Gerardo Sofovich, Juan Gelman y Gregorio Klimovsky, pero también entre los argentinos judíos hay personalidades de la talla del ya mencionado Jacques Zoilo Scyzoryk.

– ¿En qué grado cree ud. que influyó la migración judía en el progreso económico argentino?

La cuestión debería ser, más bien, ¿cuál fue el grado de influencia de la Argentina en el progreso económico judío (o, más bien, de los judíos que inmigraron al país)?

4. Los judíos y su participación en el ámbito internacional.


– ¿En su opinión, lo que se dice y los actos de violencia en contra de los judíos, son el resultado de un sentimiento anti-judío o de un sentimiento contra Israel? 

Ignoro cuál es el sentido exacto de “actos de violencia contra los judíos”, pero supongo que hay que distinguir entre la mera agresión ejecutada por desequilibrados mentales y la reacción legítima contra el nacionalismo sui generis del judaísmo, es decir contra el sionismo (que es una doctrina que suele apelar a la violencia y que fuese condenado por la ONU en 1975, sólo para ser “descondenado” en 1991).

 – ¿Su opinión acerca de los judíos se ve influenciada por las medidas que adopte el Estado de Israel?

Lo que hace Israel si altera mi percepción sobre aquellos judíos que defienden su existencia tal y como se da ahora, y se niegan a tratar la causa palestina de una manera seria. La idea árabe de abolir el Estado de Israel y suplantarlo por un califato es irrealizable dado el actual estado de cosas, del mismo modo que lo son las propuestas del biestatismo y del triestatismo. Hasta que los israelitas no acepten la solución uniestatal, todos los que pretenden defender al Estado de Israel están defendiendo a un régimen racista que lleva a cabo un Holocausto contra el Pueblo Palestino. Son cómplices ideológicos del genocidio.  

– ¿Cuán responsables cree ud. que son de la actual crisis mundial los judíos?

Parcialmente. Hay muchos judíos responsables. Probablemente la crisis del capitalismo no sea algo planeado, sino el efecto indeseado de miles de adoradores de los carneros de oro.

5. Discriminación hacia los judíos

– ¿Cree usted que los judíos son discriminados hoy en la Argentina?

No.


Zain el-Din Caballero

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